En los primeros días de FLUZO, nos dimos cuenta de que estábamos sentados sobre algo que nadie más tenía: datos del consumo de medios de personas de verdad, viendo, oyendo y cruzándose con publicidad en todos los medios a la vez.

Por primera vez, la medición partía del lado de la audiencia, no de los dispositivos, plataformas o ad-servers. La medición se centraba en seguir a los anuncios y contenidos que realmente acababan impactando a la audiencia, no en el medio o la pantalla que los alojaban.

Por el camino, descubrimos una realidad menos amable; en demasiadas ocasiones, en el ecosistema publicitario dominan silos que protegen a todos los intermediarios en la industria excepto a quienes pagan la fiesta: los anunciantes.

Con el tiempo, estas dinámicas han ido erosionando la reputación de la publicidad. La confianza en este sector, que tiene una influencia inmensa en la sociedad, ha tocado mínimos históricos.

Cuando se pierde la transparencia, todos perdemos. Las marcas tienen dificultades para tomar las decisiones que más les convienen. Las inversiones en medios pierden eficiencia. Y los consumidores terminan con una experiencia publicitaria y de comunicación de baja calidad.

Ahí nació nuestro propósito.